Recuerdos: Mozambique y la Guerra Fría

Corría el año 1986 y la prensa local en Zimbabwe difundía los esfuerzos que los entre 6000 y 10000 efectivos del ejército nacional hacían para defender el llamado Corredor de Beira, en el Mozambique vecino, frente a los ataques de la Resistência Nacional Moçambicana (Renamo).

Por el Corredor pasaba —además de la carretera y la vía férrea que unían la ciudad de Mutare, en Zimbabwe, con el puerto de Beira, en Mozambique— el oleoducto que suministraba alrededor del 90% del crudo a Zimbabwe.

Aunque hubo algún sabotaje a esta última infraestructura, las malas lenguas decían que no eran más porque la compañía abastecedora sobornaba a la milicia; una milicia creada por el gobierno de Rhodesia para desestabilizar al Mozambique recién independizado en 1975.

(Un ardid evocador del mismísimo Cecil Rhodes, que nunca aceptó las fronteras acordadas entre los gobiernos británico y portugués en 1891 y se dedicó, hasta su muerte en 1902, a idear acciones contra las autoridades de Maputo.)

Cuando Rhodesia pasó a ser Zimbabwe en 1980, fue el gobierno de Sudáfrica el que se hizo cargo de la Renamo, esencialmente una organización armada cuya ideología —precisamente debido a su origen— era tenue y su objetivo político, vago pero conveniente a los intereses «occidentales» en medio de la Guerra Fría: la banda decía buscar la erradicación del comunismo.

Y a mediados de la década de los ochenta, aquella meta tan difusa se tomaba muy en serio en el tablero internacional porque definía alianzas y también socios comerciales, todo extrañamente revuelto con principios relativos a los derechos humanos o a la soberanía nacional.

Dependiendo de la perspectiva, se veía con desconfianza que los países vecinos a Sudáfrica —Tanzania, Zimbabwe, Zambia, Mozambique y Angola— hubieran establecido regímenes que se definían como marxistas y se consideraba que era necesario apoyar al régimen segregacionista en Sudáfrica, como un mal menor, pues era «el último bastión del capitalismo» en África austral.

A partir de 1986, tras la Conferencia Mundial sobre Sanciones contra la Sudáfrica Racista, se volvieron lentamente las tornas, pero antes de que la Guerra Fría se diese por difunta en la región y la ola de negociaciones y cambios marcase, a principios de la década de los noventa, el inicio de un nuevo capítulo en la historia de África, Mozambique fue escenario de los últimos estertores.

Así, el enfrentamiento armado, que aún hoy trae cola, dejó las infraestructuras y la economía destrozadas, alrededor de 2 millones de minas sembradas por doquier, unos 250 000 niños huérfanos o separados de sus padres, 1,7 millones de personas huidas del país, 80 000 soldados que debían desmovilizarse…